Editorial

En política hay personajes curiosos. Están los que gestionan, los que prometen y más o menos cumplen… y después está el diputado Federico Manente (UCR), que parece haber inventado una categoría nueva: el legislador fantasma. Aparece cada tanto, deja una foto y vuelve a desaparecer.

En la apertura de sesiones del Concejo Deliberante de Perico reapareció después de meses de silencio. Llegó haciéndose el serio, saludó a unos pocos, se sacó foto para redes y emprendió una retirada rápida.

La escena resumió muy bien su paso por la Legislatura provincial. Van 27 meses desde que asumió y en Perico todavía cuesta encontrar una obra, un proyecto fuerte o una causa que lo tenga como protagonista. Lo que sí aparece clarito es el número de su sueldo.

Con ingresos que superan los cuatro millones mensuales, el diputado ya habría cobrado más de 110 millones de pesos desde que llegó a la banca. Un número bastante jugoso para una gestión que, en términos prácticos, todavía no debutó.

En campaña prometía llevar la voz de los periqueños a la Legislatura y empujar soluciones para problemas históricos como las inundaciones, pero pasó el tiempo y parece que ese proyecto todavía está en etapa de borrador.

Eso sí: en redes sociales el diputado se mostró muy orgulloso de haber participado de la apertura de sesiones. Lo hizo “por respeto institucional”, explicó. Una frase hermosa para la tribuna.

Aunque ya son varios los que empezaron a sospechar que ese respeto institucional empieza cuando se prende la cámara y termina cuando se apaga el flash.

A su favor tampoco es justo cargar todo sobre Manente. Él es, al fin y al cabo, una pieza más dentro del esquema que gobierna Jujuy, encabezado por el gobernador Carlos Sadir, heredero del aparato radical que hace años maneja la provincia.

Un sistema bastante aceitado donde algunos dirigentes parecen haber encontrado la fórmula perfecta: banca asegurada, sueldo generoso y gestión opcional.

Dentro de ese engranaje, Manente sirve para sentarse, levantar la mano cuando corresponde y no hacer demasiado ruido. Ese mecanismo lo maneja a la perfección.