Editorial
Después de las denuncias por no pagar un alquiler, quedarse con las llaves y ocupar un departamento y un local sobre avenida Éxodo, cualquiera pensaría que la concejal libertaria Mónica Alaniz (La Libertad Avanza) estaría ocupada resolviendo el problema, pero no.
En estos días se la vio de fiesta en fiesta, mientras la deuda sigue sin pagarse y las llaves siguen sin devolverse. Parece que eso puede esperar.
Pensándolo bien no es algo que sorprenda demasiado. Llegó al cargo prometiendo transparencia y algo distinto, lo mismo que tantos otros antes. Después, primero su intereses personal, después, si queda tiempo, lo público. Un camino que ya se vio en otros casos, como el del ex intendente Demarco (VIA) cuando terminó apropiándose de espacios que no le correspondían.
Cuando estallaron las críticas a partir de lo publicado por nuestro medio, tampoco hubo explicaciones claras. En cambio aparecieron sus empleados en redes a insultar a quienes denunciaron la situación.
Es cierto que se debe separar la vida privada de la pública. Pero cuando lo privado incluye deudas, propiedades ajenas y compromisos incumplidos, deja de ser tan privado. Porque si representa a la gente, eso debe ser adentro y fuera del recinto.
Al final, la política se mide entre los proyectos de fondo y las cosas básicas. No en discursos, en cumplir lo que se dice de palabra.
Y eso, por ahora, sigue pendiente.

