Vecinos del casco céntrico de Ciudad Perico y miembros de la Parroquia Inmaculada Concepción expresaron su profundo malestar por el ruido excesivo, la suciedad en la vía pública y el desorden que genera el funcionamiento de la «Carpa Russet», ubicada en inmediaciones de la iglesia y zonas residenciales. Las denuncias apuntan directamente a la falta de control, violación de ordenanzas de parte de los dueños y a la responsabilidad de las autoridades que habilitaron el lugar.
“Esta señora está cansada y los vecinos también, porque se ensucia toda la vereda. Todo queda tirado en el piso, vasos, botellas, bebidas, y hasta hay gente que amanece durmiendo ahí, tirada entre la suciedad”, relató una vecina e integrante activa de la parroquia, visiblemente afectada por la situación.
La denunciante aseguró que el problema no se limita a la basura, sino también al comportamiento de quienes salen del boliche. “Es un desastre todo. Hay desorden, hay gente alcoholizada, falta el respeto. Yo me pregunto cómo pueden permitir que pase esto”, expresó.
Uno de los puntos más sensibles señalados por la vecina es el impacto directo durante las celebraciones religiosas. “Justamente cuando estamos en misa se siente el ruido del baile. Yo voy a misa para estar tranquila y se escucha la música fuerte desde la parroquia. Estamos en misa y se siente el baile”, afirmó.
En ese sentido, cuestionó duramente la ubicación del local bailable: “No puede haber un boliche cerca de una clínica o de un lugar de recogimiento como una iglesia. Supuestamente dicen que es otra cosa, pero es un baile, y eso es lo que se vive”.
La vecina también alertó sobre el caos vehicular y la inseguridad que se genera en la zona: “Cuando la gente sale de misa ya está el boliche, hay muchos vehículos, motos con escapes libres, ruido a cualquier hora. Ya no es lo mismo que antes”.
Además, manifestó su preocupación por lo que pueda suceder durante el Carnaval y otros eventos masivos. “Imagínese ahora que empieza el Carnaval, va a haber baile seguido. Esto va a empeorar, tanto para la parroquia como para el barrio”, advirtió.
En un tono crítico, la vecina remarcó la responsabilidad de quienes autorizaron el funcionamiento del local: “Acá hay una responsabilidad grande de quien autoriza y también del dueño del boliche. Por más conocido que sea o que tenga plata, los derechos de uno terminan cuando empiezan los derechos del otro”.
Finalmente, adelantó que no descarta iniciar acciones junto a otros feligreses y vecinos. “Pensamos juntar firmas de la gente que va a misa para que las autoridades se hagan cargo. Porque si no se pone un orden, esto va a ser un desastre. Me siento mal, estamos mal, y alguien tiene que tomar las riendas de esto”, concluyó.

