Por Marcos Huanca

Si hay un nombre que clave, que en Perico suena en todas las conversaciones políticas, es el de César Rodríguez. El “Chiqui», autoproclamado peronista mientras teje su red de influencias, ha dejado una estela de denuncias que lo vinculan a varias trapisondas. Acusado de apropiarse de la radio municipal y de iniciar juicios millonarios contra la misma ciudad que dice amar, su figura es el símbolo de la corrupción periqueña.

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NO a la reforma laboral

Recientemente, el ex concejal, ex secretario de Gobierno, ex director de Prensa y ahora secretario del intendente Ficoseco, estuvo en el centro de una polémica por ser parte de una trama de tráfico de influencias en la adjudicación de la Cooperativa «Santa Inés», en un negocio fenomenal que beneficiaria a su hijo, Matías Rodolfo Rodríguez y más familiares, todos cómodamente instalados en la Secretaría de Prensa, junto con su tío. Matías Rodríguez tiene su mini tropa digital que inundan las redes con «me gusta» y comentarios favorables a la gestión, escondidos tras perfiles falsos, mientras se encargan de difamar y acosar a los críticos. Mientras tanto, el clan Rodríguez sigue engrosando sus cuentas bancarias con millones en pauta publicitaria que alimentan sus medios digitales y páginas de Facebook: CiudadPerico, FM Patria 107.3, Que Pasa Perico, Noticias Perico.

La presencia del «Clan Rodríguez» en la estructura municipal es un cáncer que carcome desde adentro, una verdadera familia de ñoquis que se ha enquistado en los puestos esenciales para perpetuar sus negocios.

Los empleados municipales ya están hartos de los malos tratos y el manejo impune que esta familia ejerce. Pero lo que realmente desató la furia de no pocos es la escandalosa adjudicación de 175 millones de pesos para la construcción del nuevo edificio del Concejo Deliberante, en un proceso donde cooperativas y empresas locales fueron excluidas deliberadamente y una firma presuntamente vinculada . Por si fuera poco, este clan también ha estado involucrado en sobreprecios durante los corsos, donde los alquileres de sillas fueron un negocio redondo para ellos.

Ante la pregunta sobre su vínculo con la cooperativa adjudicataria, César Rodríguez respondió con una insolencia total: «¿Y si la tuviera qué?». Con esa frase, quedó claro que ni la Ley de Ética Pública ni la opinión pública le importan, amparado por la complicidad de concejales que encubren sus maniobras. Este escándalo debería estar en la mira de la Oficina Anticorrupción de la Provincia, pero hasta ahora, la impunidad viene ganando.

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