A once años de un grave accidente de moto, Antonela Quiros recuerda el difícil camino que atravesó para volver a caminar, hablar y recuperar su autonomía. Contra los pronósticos médicos, logró sobreponerse y hoy transmite un mensaje de perseverancia y esperanza: “Intenten, intenten, intenta hasta que les salga”.

Hace aproximadamente 11 años, la vida de Antonela Quiros cambió por completo tras sufrir un grave accidente de moto en una ruta. El impacto le provocó múltiples lesiones, una importante pérdida de sangre y un estado de coma que llevó a los médicos a advertir a su familia sobre la gravedad de su situación.

“Los médicos decían que yo no iba a vivir”, recordó Antonela durante una entrevista con SKY FM 106.1 MHZ. Según relató, incluso le dijeron a sus padres que buscaran un sepelio debido a la gravedad de las heridas.

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Sin embargo, contra todo pronóstico, despertó al tercer día. Su recuperación, que los profesionales consideraron extraordinaria, continuó durante varios meses de internación y luego con un extenso proceso de rehabilitación.

“Los médicos decían que mi recuperación fue un milagro, fue rápido porque por la gravedad del accidente yo tenía que estar mucho más tiempo internada”, contó.

Volver a empezar

Las secuelas del accidente fueron profundas. Antonela tuvo que atravesar una operación en la cabeza, recuperar movilidad y comenzar nuevamente actividades que antes realizaba con naturalidad.

“Comencé de cero”, explicó. Tuvo que aprender a escribir con la mano izquierda, adaptarse a cambios en su visión y recuperar progresivamente la movilidad de su cuerpo.

Los pronósticos iniciales tampoco eran alentadores. “Los médicos me daban toda de baja, todo mal. Me decían que yo iba a quedar paralítica, que no iba a hablar, que no iba a recordar”, relató.

Pero Antonela decidió confiar también en sus propias sensaciones y en su voluntad de recuperarse. “Yo sentía en mí, en mi cuerpo, sentía que sí podía, pero que si no lo intentaba, no iba a saber”, afirmó.

Esa determinación fue fundamental para afrontar una rehabilitación que continúa hasta el presente.

Una lucha que continúa

A pesar de haber recuperado gran parte de su autonomía, Antonela reconoce que las consecuencias del accidente todavía forman parte de su vida cotidiana.

“Por más que la gente me vea caminando, o lo que sea, me dicen que es normal, que yo camino normal, o que me ven bien, mi cuerpo ya no es el mismo”, señaló.

También habló de una de las secuelas que más dificultades le genera: la memoria. “Me cuesta retener información, mucha información”, explicó, aunque aseguró que mantiene el deseo de continuar ejercitando su mente y, eventualmente, volver a estudiar.

Su recuperación física también requiere constancia. “Todo lo que hago es ejercicio ya, porque mi cuerpo necesita este movimiento”, contó.

Recuperar la independencia

Uno de los mayores objetivos de Antonela después del accidente fue recuperar su independencia. Quería dejar de depender de otras personas para realizar actividades cotidianas.

“Yo quería caminar, porque yo quería hablar, porque yo quería hacer otras cosas, yo quería volver a casi la normalidad”, recordó.

Entre sus primeros desafíos estuvo salir sola a caminar. A los pocos meses de iniciar la rehabilitación, se animó a ir por su cuenta hasta una feria, enfrentando uno de sus principales temores: cruzar la avenida.

“Yo me sorprendía”, relató al recordar que pudo realizar aquel recorrido sin sufrir ningún inconveniente. Para Antonela, aquella experiencia significó mucho más que una simple caminata: representó un paso hacia la autonomía que tanto deseaba recuperar.

Un mensaje para quienes atraviesan momentos difíciles

Desde su experiencia, Antonela busca transmitir un mensaje de perseverancia a quienes enfrentan enfermedades, accidentes o situaciones adversas.

“Yo les digo a las personas que intenten todo, no solo una vez, que intenten, intenten, porque a veces a través de cinco intentos podés lograr lo que querés hacer realmente”, expresó.

Y agregó: “No esperen que venga alguien y te diga cómo podés. La fuerza la tienen que tener ellos mismos”.

Para ella, la recuperación no estuvo determinada únicamente por lo que otros creían posible, sino por su propia decisión de seguir adelante.

“Yo quería hacer eso y mirá”, resumió al recordar todo lo que consiguió desde aquel accidente.

La fe como motor

La espiritualidad también ocupa un lugar central en su historia. Antonela asegura que su fe la acompañó durante los momentos más difíciles y que encuentra en ella una fuente permanente de esperanza.

“Dios nunca te abandona, Dios nunca te deja, nunca jamás”, sostuvo.

Desde esa perspectiva, interpreta su propia supervivencia como una oportunidad para continuar viviendo y acompañar a otros con su testimonio.

“Él nos dio la vida y por algo ha querido que sigamos aquí en la tierra”, reflexionó.

Vivir con gratitud

Once años después del accidente, Antonela reconoce que la experiencia modificó su manera de mirar la vida, el tiempo y aquello que realmente importa.

“Yo miro todas las cosas con un agradecimiento”, afirmó.

También admitió que hubo momentos de profunda tristeza y depresión durante este largo proceso, pero destacó la importancia de encontrar fuerzas incluso en los momentos de soledad.

“Tratar de seguir adelante, dándome fuerza sola, porque a veces uno está solo y se tiene que dar ánimo solo”, expresó.

Su historia, lejos de presentarse como un camino sin dificultades, muestra una recuperación atravesada por desafíos físicos y emocionales, pero también por una enorme voluntad de superación.

Antes de despedirse, Antonela dejó una última reflexión que resume el espíritu de su historia: “Que los demás se vayan adelante, que intenten 10.000 veces si es posible las cosas”.

Su testimonio demuestra que la recuperación puede ser un camino largo, con avances y retrocesos, pero también que la perseverancia, la autonomía, el acompañamiento y la esperanza pueden convertirse en motores para reconstruir una vida después de una experiencia traumática.