Editorial

En Perico la política volvió a regalar material. Esta vez la protagonista es la concejal libertaria Mónica Alaniz, señalada por una vecina por una deuda importante de un alquiler y la llave del local que nunca volvió a su dueño cuando terminó el contrato.

No estamos hablando de modelos de discusiones políticas. Estamos hablando de pagar lo que corresponde y devolver una llave.

La denuncia circuló de esta manera: “Transparencia y claridad dice la concejal Mónica Alaniz: miente. Tiene una deuda millonaria por un contrato de alquiler y no devuelve la llave del local. Ni siquiera responde los mensajes. ¿Qué puede esperar Perico de alguien así?”

Y ahí es donde la cosa hace ruido. Porque cuando el discurso se llena de ética pero en la práctica aparecen estas cosas, la grieta deja de ser política y pasa a ser de credibilidad.

Alaniz, además, no llega como una novata; en rigor es especialista en esto de acomodarse al clima político. Pasó por el PJ, tuvo funciones vinculadas a VIA y hoy milita en La Libertad Avanza. Un recorrido flexible, digamos. Más que convicciones, parece manejo del guardarropa: cambiar de camiseta cuando conviene y seguir jugando el partido.

Las promesas de “cambiar todo” duraron lo que tarda en enfriarse un café. Apenas asumió, acuerdos con viejos conocidos, como Walter Cardozo, para acomodar tropa propia. La revolución libertaria quedó en pausa y la vieja lógica política siguió funcionando sin necesidad de manual nuevo.

Mientras tanto, gestión concreta no aparece, obras menos y resultados ni noticias. Lo único tangible es el reclamo que baja desde la calle, mucho más directo que cualquier slogan de campaña: “Devolvé la llave y pagá lo que debés”.