En la política periqueña hay dirigentes que militan ideas, otros que militan territorios y algunos que militan partidos como si fueran paradas de colectivo. En ese selecto grupo acaba de consagrarse, una vez más, la concejal Anahí Juárez, recientemente suspendida y sancionada por el Partido Justicialista y por la mayoría de la militancia peronista de Jujuy, junto a su par Walter Cardozo, Ruben Rivarola, Guillermo Jenefes, Martin Fellner, Daniela Velez, etc, por «jugar para otro equipo» y violar la Carta Organica.
La sanción sorprendió a pocos. Porque si algo ha demostrado Juárez a lo largo de su carrera es una notable capacidad de adaptación partidaria. Sus primeros pasos políticos la encontraron como candidata a concejal por la UCR, un inicio clásico. Pero duró poco. Como suele ocurrir cuando el amor no es eterno.
Luego llegó VIA, el partido que la llevó a ser concejal electa y que más tarde quedó envuelto en denuncias públicas por corrupción. Tampoco fue un vínculo duradero. Cuando el barco empezó a crujir, Juárez ya estaba mirando otro puerto.
El siguiente amor fue el peronismo, donde se presentó como compañera, militante y hasta cantaba la marcha peronista. Fotos, discursos, gestos de pertenencia. Todo indicaba que, esta vez sí, había encontrado su lugar en el mundo. Pero no. Porque la historia volvió a repetirse: cuando el PJ dejó de ser conveniente, apareció un nuevo frente.
Así fue como terminó recalando en el Frente Primero Jujuy Avanza, consumando lo que hoy el propio peronismo califica como traición política. No una diferencia ideológica, no un debate programático, sino algo mucho más simple: cruzarse de vereda sin avisar, mientras se sigue ocupando una banca obtenida con votos ajenos.
La política, claro, permite cambios. Evoluciones. Replanteos. Lo que no suele tolerar es la infidelidad crónica, esa que convierte a los partidos en simples herramientas descartables.
En Perico ya nadie se pregunta a qué partido pertenece Anahí Juárez, sino cuál será el próximo. Y en ese ranking no oficial, pero muy comentado en los pasillos políticos, la concejal ya se ganó un título que no figura en ningún boletín partidario: la dirigente más infiel.

