El dispositivo del Servicio Penitenciario de Jujuy cumplió dos años de funcionamiento y apunta a abordar las adicciones, fortalecer los vínculos familiares y brindar herramientas para una futura reinserción social.
La Comunidad Terapéutica de Adicciones para Mujeres del Establecimiento Penitenciario N° 3 cumplió dos años de trabajo sostenido, consolidándose como un espacio destinado a acompañar los procesos de recuperación de mujeres privadas de libertad y brindarles herramientas para reconstruir sus proyectos personales.
El dispositivo funciona bajo una modalidad de convivencia terapéutica, con la participación de un equipo interdisciplinario integrado por psicólogas, trabajadoras sociales, acompañantes terapéuticos y operadoras capacitadas en salud mental y adicciones.
Durante el acto por el segundo aniversario participaron autoridades del Servicio Penitenciario de Jujuy, encabezadas por el inspector general y director general del organismo, Félix Armando Guevara, además de representantes del Comité Provincial para la Prevención de la Tortura, el Ministerio Público de la Defensa, la Dirección de Salud Mental y profesionales que integran la comunidad terapéutica. También se entregaron reconocimientos por la labor desarrollada durante estos dos años.
Un abordaje que combina tratamiento, educación y capacitación
La jefa del Departamento de Adicciones de las Comunidades Terapéuticas del Servicio Penitenciario, Carina Solano, explicó que el modelo contempla una convivencia permanente con profesionales y personal especialmente capacitado.
El trabajo incluye grupos terapéuticos, atención individual, talleres recreativos, laborales y educativos, además de terapias multifamiliares destinadas a incorporar a las familias en el proceso de recuperación y fortalecer los vínculos.
Un aspecto destacado es la capacitación específica que recibió parte del personal penitenciario para desempeñarse como operadores en salud mental y adicciones, complementando sus funciones de seguridad con tareas de acompañamiento y contención.
Educación y proyecto de vida
Uno de los ejes centrales del dispositivo es que las mujeres puedan asumir responsabilidades sobre sus historias de vida y las consecuencias de sus decisiones, al mismo tiempo que desarrollan herramientas para construir un nuevo proyecto personal.
El objetivo, según explicó Solano, es que puedan proyectarse como personas autónomas, con posibilidades de estudiar, trabajar, reconstruir vínculos familiares y prepararse para el regreso a la sociedad.
Desde el organismo también señalaron que algunas mujeres que atravesaron el dispositivo, una vez recuperada su libertad, lograron retomar sus proyectos de vida sin reincidir en el consumo problemático ni en conductas delictivas.
Trabajo articulado para la reinserción
La experiencia se desarrolla además mediante la articulación con distintos organismos, entre ellos el Ministerio de Salud, la Municipalidad, el Ministerio Público de la Defensa y el Ministerio de Educación, que participa con propuestas como el bachillerato a distancia.
Esta articulación permite ampliar las alternativas educativas, terapéuticas y sociales disponibles para las mujeres alojadas en la comunidad.
El aniversario puso en valor una política de abordaje que busca que la privación de libertad también pueda incluir tratamiento de las adicciones, educación, acompañamiento psicológico, fortalecimiento familiar y preparación para la vida fuera del sistema penitenciario.
Desde el Servicio Penitenciario sostienen que la experiencia jujeña despertó interés en otras jurisdicciones por la integración entre la función penitenciaria y el abordaje especializado de salud mental y adicciones.

